Horizonte Artificial

HORIZONTE ARTIFICIAL

Horizonte artificial reúne obras de diez artistas cuyas producciones transitan diversos medios. La exposición parte de la impresión de fin, de un momento histórico cuyos sentidos se escurren. Tomamos de la materia señales sutiles de fragilidad, de mutación y alteración de la imagen, estados de ruinas, sacudidas de la tecnología. Las piezas construyen un escenario fragmentado que se propone la elaboración de nuestro estar en la actualidad. 

Utilizamos el glosario como instrumento de guía, y arribamos recientemente a la idea de horizonte artificial, que resultó una nueva orientación.

Caída, Sentido escurridizo, verdades resquebrajadas.

No-certezas, inocencia, fósil.

Paradigma, (in)estabilidad, intuición.

Materia, desplazamientos, alquimia, imaginación.

Ficción, Desciframiento, resonancias, invocación.

Pérdida, ganancia.

Formas, disolución, virtualidad.

Crisis de sistemas, post-humanidad, vinculo con lo no-humano, que está en tensión y en disputa.

Las piezas que integran la propuesta conversan con los colapsos y eclosiones actuales, manifestando la singularidad de cada registro. Las obras constituyen, de esta manera, una arqueología del presente.

Anísima registra la experiencia de modo figurativo, confrontando incertidumbre, inocencia y humor.

María Langevin dibuja y pliega indicios de un espacio construido desde el recuerdo, en escala íntima y lúdica.

Dolores Castaño borda y pinta paisajes que exaltan la vitalidad del desorden (y la confusión).

Mariquena Vallejo investiga el peso y la densidad de la materia alterada en composición química.

Uma Granado Díaz utiliza pintura asfáltica y anticorrosiva en imágenes que combinan el paisaje y lo urbano.

Sandra Galli genera imágenes abstractas de espacios no-físicos en los que transcurre la experiencia virtual.

Nazarena Mastronardi opera programando un virus que altera la virtualidad.

Ro Barragán fractura el lenguaje en piezas sonoras y poemas visuales.

Patrick Glascher representa, en la dimensión envolvente del grafito, un lugar deshabitado e intemporal. Evidencia la vastedad como un anhelo romántico aparentemente extinto en el presente.

Agustina Alazraki construye situaciones desconcertantes en las que se reconoce la figura humana, y que completan este espacio-tiempo construido para tocar la pausa que nos atraviesa como humanidad.

Las obras registran el epicentro de un paradigma perturbado. La impresión inicial de ocaso converge en la sala con la investigación y la práctica artística como modos de vivenciar el mundo y de imaginar el futuro. ¿Es este fin el vacío para generar una nueva palabra?

Tamara Arce, María Sol Marcelloni y Rocío Valdivieso